Tuesday, 19 July 2016

The hardest choice



When one in Europe or North America take awareness of the world around us, the very first thing we notice is how difficult is to be just happy. Everything is sending us messages all the time about what we don’t have, of what we crave or need (even though we might not really need it)… It seems the world’s purpose is making us unhappy to make sure we don’t cause any problems. We can’t stop buying and consuming; we want the newest thing without being aware of the consequences of this craziness for the environment. But, I am not going to talk about programmed obsolescence. I will leave that topic for another day. Don’t worry, I have nothing but time.

As I was saying, we are in a race to get the newest things in the market, believing that, once we have it, our cravings will stop. We will be able to calm it down and the burning will cease. But then, the market makes sure that there is always something newer, more attractive. It makes us believe that we need it and we won’t be happy until we have it whatever it takes.

Unfortunately, unhappiness is not always related to material possessions.

We are programmed to believe that we achieve happiness by pretending and talking about unhappiness and misery. When we are kids, we use to blame everyone for our misery: our parents, our teachers, that clumsy friend who can’t play soccer, our siblings who we have to share our toys and attention with… when we are kids, we are entitled to be childish and put the blame on everyone else: we are growing and learning.

But the problem is when we don’t learn and we arrive to the teenage hood with the same attitude and issues. Then it gets worst when we become adults (some people never get there…). And them, others are the responsible of our misery: our colleagues, our bosses, our partners, friends… Sometimes, the people around us make the way bitter and harder. Life is not easy, let’s face it, and there situations beyond our control. But that’s life. Now, accepting things the way they are and learning from experience that is not easy. And I am not talking about conformity and accepting to be bullied, or ignoring the injustice (although, who am I to judge anybody’s fears?).


I am talking to make up our mind and be happy. Take responsibilities. Accept life is just a learning process of trials and errors and so on until we make it. Life is not a science. Life is not straight forward. It’s not two plus two equals four. There are so many factors, equations, metaphors that we have to learn to understand in each context.

We can only improve our life by taking take control and stop giving power to others; when we decide to be happy with what we have and accepting who we are. When we commit to our happiness everything start making sense. We stop chasing our tail; we break destructive and harmful behaviours and open our world to new opportunities. We have to love ourselves, take care of ourselves. It is our birth right. Deciding to be happy is the best way to love ourselves, nurture with amazing and tasty experiences

That is the hardest choice to make in life: breaking with those negative behaviors that bring unhappiness. Because walking against the flow to reach our essence and break with all we believed it was right, that is extremely painful; but once you take the decision of being happy, once you commit with our wellbeing, everything comes smooth like a plum.

It’s not true that is better the devil you know. Think about it. Decide to be happy now.

Monday, 18 July 2016

La decisión más difícil


CUANDO uno, en Occidente, toma conciencia del mundo a su alrededor, lo primero que percibe es la dificultad de ser simplemente feliz. Todo lo que nos rodea nos manda señales, continuamente, de lo que no tenemos y deseamos y necesitamos... Parece que el mundo está empeñado en hacernos infelices para asegurarse de que estamos dentro del redil. No dejamos de comprar cosas todo el rato, queremos todo nuevo y lo último que haya salido al mercado sin ser conscientes de lo que implica un consumo desbordado. Pero no voy a hablar de la obsolescencia programada. Eso lo dejaré para otro día, no se preocupen, que otra cosa no, pero tiempo tengo de sobra.

Como les decía, estamos dentro de una carrera por conseguir lo más nuevo, lo más moderno, creyendo que cuando lo tengamos, vamos a calmar ese ansia que nos arde por dentro. Pero el mercado se asegura de que siempre haya algo más nuevo, más atractivo. Nos hace creer que lo necesitamos y que no seremos felices hasta que lo tengamos en nuestras manos, cueste lo que cueste.

Pero, el problema de la infelicidad no es únicamente material.

Estamos programados para ser infelices y creer que siendo infelices somos felices. Cuando uno es pequeño, tiene la costumbre de echarle la culpa de sus males a sus padres, a los maestros, al vecino del quinto que no juega bien al fútbol en el recreo, a la lluvia, a sus hermanos, con los que tiene que compartir juguetes y atenciones… cuando se está creciendo, se tiene todo el derecho a ser infantil y echarle la culpa al empedrado. El problema es que esa dinámica no se rompe cuando entramos en la adolescencia y a veces empeora cuando llegamos a la edad adulta (a la que algunas gentes no llegan nunca). Siempre la culpa es de los demás: del compañero de trabajo, del jefe, del novio, del amigo... Y a veces es cierto que las personas que nos rodean no nos ponen las cosas fáciles. La vida no es justa y hay situaciones fuera de nuestro control. Pero eso es la vida. Ahora bien, aceptar las cosas tal como vienen y sacar un aprendizaje es la parte difícil. No hablo de conformismo. No hablo de dejarse explotar o dejarse pisotear, ni de mirar hacia otro lado cuando uno ve una injusticia, aunque cierto es que el miedo es libre y es uno mismo quien debe enfrentarse con sus demonios.

De lo que hablo es de decidirse a ser feliz. Responsabilizarse. Aceptar la vida como un camino de aprendizaje, de prueba y error y así hasta que se acierta. La vida no es una ciencia exacta. No es sota, caballo y rey. No es dos más dos son cuatro. Hay miles de factores y ecuaciones diferentes, y matices, alegorías y metáforas que uno aprende a interpretar con el tiempo.

Pero uno sólo puede mejorar su vida cuando toma las riendas y deja de darle poder a otros. Cuando uno decide que quiere ser feliz con lo que tiene, con lo que es. Cuando uno se compromete con su propia felicidad, entonces es cuando todo empieza a tomar sentido. Dejamos de dar vueltas como un perro intentando atrapar su propia cola, rompemos dinámicas destructivas y dañinas y abrimos nuestro universo a nuevas oportunidades. Decidir ser feliz es amarse a uno mismo y desearse lo mejor, es mimarse y cuidarse, nutrirse de experiencias sabrosas y enriquecedoras.

Esa es la decisión más difícil que uno ha de tomar en la vida: romper con esa dinámica autodestructiva de la infelicidad, porque nadar contracorriente para llegar al origen de uno mismo y romper con todo lo conocido es doloroso, pero cuando uno toma la decisión de ser feliz y se compromete con uno mismo, todo viene rodado. No siempre es cierto eso de que más vale malo conocido que bueno por conocer. Piénsenlo. Decidan ser felices ahora.


Wednesday, 8 July 2015

Parece que fue ayer



Mañana hace un año que te fuiste. Parece que fue ayer.

Parece que fue ayer cuando el destino decidió que eras demasiado valiosa para pasear tu belleza por la tierra, rodeada de simples mortales, insignificantes e indignos de tu bondad, de tu pasión por la vida y de tu amor.

Parece que fue ayer cuando planeábamos descubrir cafeterías ocultas en callejones oscuros, casi como juderías, en esta ciudad, sucia, que te vio darlo todo por amor.

Parece que fue ayer cuando encontramos mi primer apartamento, cuando este zulito nos pareció una mansión con muchas posibilidades cuando, tomando café en la tienda de abajo, nos confirmaron que seríamos vecinas… cuando pasaste con Paul por delante de una ventana con la luz encendida y creíste que era la mía y casi me llamaste, preocupada. Cuando tomábamos café hablando sobre sueños y mis locuras sobre ángeles. Y ahora mi ángel eres tú. Parece que fue ayer cuando me decías que te asomabas a ver si me veías. Y ahora soy yo la que se asoma y te busca con dolor en el pecho.

Parece que fue ayer cuando te quedaste encerrada en la terraza, y te eché un rapapolvo. Ahora me río con nostalgia. Lo que no te pasara a ti…

Parece que fue ayer cuando subía a verte y sabias que llegaba porque escuchabas las hebillas de mis de mis botas. Ya sabes que no me gustaban, pero las sigo llevando por ti.

Ha pasado un año, Zagala, y no ha pasado un día sin que me despierte saludándote, sin que me vaya a la cama dándote las buenas noches. No ha pasado un día sin que me acuerde de ti, de nuestras historias, de las historias que me cuentan de ti, de  tu risa y de tus besos.

Nunca entenderé qué pasó, por qué te tuviste que ir, así, tan de golpe, con toda una vida por delante, tan hermosa. Se nos quedó la vida incompleta, rota, sin posibilidad de arreglarla más que con un pegamento que nos deja cicatriz y un continuo olor, molesto y desagradable, a cosa artificial. No le encuentro el sentido, pero ya no se lo busco.
 
A veces me pregunto: y ahora, qué. Pues, Zagalica, no tengo la respuesta. Pero, hace un tiempo me hice la promesa de que intentaría vivir mi vida tan plena como tú la viviste hasta el último segundo. Porque eras feliz, estabas contenta y aunque fue injusto que te marcharas así, tan de golpe, cuando las cosas empezaban a tomar sentido, yo no tengo derecho a empañar tu memoria con mis lágrimas.

Ese es tu legado. El amor por la vida, por la gente que nos rodea, por disfrutar cada segundo y cada momento, porque nada permanece y tú lo sabías bien. Por eso todos te queríamos, te queremos, porque estar contigo era estar junto a un ángel que nos hacía sentir la vida en todos los sentidos, amar con cada poro de nuestra piel. Eso, mi Zagala, es lo que me enseñaste, y eso, Zagalica mía, es lo que quiero poner en práctica cada día de mi vida. Por mi, por los que quedaron y por ti. Para que, cuando nos veas desde el cielo, sientas que tu labor en la Tierra tuvo sentido y que hiciste que nuestras vidas fueran mejores, cuando estabas a nuestro lado y siempre.

No. No hace un año que te fuiste. Nunca te fuiste porque sigues en nuestras vidas, en nuestros corazones. En nuestra esencia.